PABLO NAHUAL (Músico)

Nací en Unquillo (Provincia de Córdoba, Argentina) en enero de 1961. He sido músico desde que recuerdo. A los 5 años ya tomé mi primer instrumento, una flautita de plástico llamada “tonete”, con la que pasaba horas jugando a sacar sonidos. Después llegó la guitarra de mi hermano, que hice mía y a la que me dediqué completamente, yendo a clase con distintos maestros tanto de guitarra clásica como flamenca. Pero mi conexión profunda con la música se produjo cuando escuché por primera vez “La Vicuñita”, un tema folklórico andino interpretado con sikus. Ese sonido ancestral me transportó a otro lugar de mi, donde me reconocí, y decidí que quería dedicarme a ofrecer al mundo ese sonido y esas melodías andinas ancestrales, así como el sentimiento y el disfrute que me produce su interpretación.

Estudié lo que pude y como pude, porque en aquella época (1976) había una represión militar en el país, y no era fácil mostrar el interés por lo artístico, ya que se tomaba como subversivo. Sin embargo, esa dificultad hizo que me propusiera convertirme en lutier, y construir mis propias quenas y sikus. Para ello se me planteó la cuestión de la afinación, ya que en general las quenas que se conseguían estaban desafinadas. Así que investigué durante años sobre escalas, hasta desarrollar un sistema de afinación de quenas y sikus basado en fórmulas matemáticas relacionadas con el número pi y la proporción áurea, sistema que quiero proponer en publicaciones posteriores.

Viajé durante años con un grupo llamado Nahual por toda Europa, dando conciertos en salas, teatros, auditorios y grandes festivales, pero la posibilidad de acercar a los niños el folklore, los instrumentos ancestrales y el sentimiento que ello me produce hizo que, en 1985, comenzara a proponer conciertos didácticos en escuelas tanto de Córdoba (Argentina), Buenos Aires y más tarde, desde 2004, en España.

Llevo más de 30 años haciendo conciertos didácticos, y cada día me sigo renovando en la magia que se produce en el encuentro con el público. Los niños son espontáneos, naturales, genuinos, y me permiten seguir expresándome con esa alegría y naturalidad que ellos tanto reconocen y agradecen. Me admira la actitud de los docentes que amorosamente cuidan de sus alumnos con esa dedicación siendo que pasarán de grado y otros vendrán. Valoro su entrega y desapego, y su fe profunda en que el niño va a desarrollar todo su potencial.

Como músico, como artista y como pedagogo, planteo mis conciertos como una propuesta que apoye el lugar que el Arte debe ocupar en las escuelas. La expresión artística es fundamental para el desarrollo global de la persona, y su presencia en las escuelas es básica para poder lograr una sociedad que evolucione, que sea integrativa, solidaria, creativa y amorosa.